que he querido vivir

Poco se habla acerca de las personas que en el pasado hemos soñado con ser y a quienes hemos dejado en el olvido. Ahora que cumplí treinta se me han venido muchos recuerdos a la cabeza, y la voz de mi niñez me sigue en sueños. No sé si estaré atravesando una crisis de identidad, pero no fue sino hasta este momento de mi existencia en donde quise volver a escribir en serio, cambié de carrera y me le medí a atender otros sueños. Junto con este brote que algunos tildaron de «locura» y al cual yo he llamado libertad, regresaron a mi ciertas afinidades y gustos que tenía muy guardados, en el fondo de mi ser, y que evidentemente no han dejado de cuestionarme por qué los paralicé y no me atreví a escucharlos en su momento. Aunque ya tengo la respuesta al por qué no lo hice, esta vez quiero darme el permiso de vivirlos, aunque se queden en simples hobbies. Antes pensaba que tenía que tomarme demasiado en serio la vida, o que si no generaba dinero con esa actividad concreta, no valía la pena perseguirla con tanto ímpetu. Descubrí que el valor que le daba a las cosas, estaba en el consumismo, en lo superficial, en lo momentáneo, en el pretexto de «generar riqueza ahora». Adopté una estructura de pensamiento del medio en donde me rodeaba, que me alejaba de ser yo misma y de mis verdaderas pasiones. Me veía en espejos ajenos, medía mi tiempo en relojes de otros y siempre me encontraba rota, y con tanta razón: esa no era yo.
Así que ahora, me permitiré escribir aquí, porque no quiero esperar a tener otra vida para vivir el sueño de ser escritora; aunque no me paguen por ello, aunque no se imprima ninguno de mis manuscritos o libros o poemas, aunque no alcance la fama del próximo bestseller y aunque nadie lea lo que mi corazón decide depositar en este cuaderno virtual que he decidido llamar blog. Decido yo misma llamarme escritora y artista, porque mi creatividad lo merece. Porque debo ser la primera en valorar lo que produzco y por consiguiente valorarme a mi misma como persona, porque la niña de cinco años que fui siempre la tuvo clara y yo decidí obedecerle al miedo de terceros, o de una sociedad que no se basa en creer en que los sueños, por muy locos que suenen, sí se hacen realidad: solo basta confiar en que si es posible y aferrarse a esa idea. Este es mi sueño cumplido, este espacio que descubrí por producto del azar y hasta del a veces horrendo privilegio, o por la osadía de un pensamiento que llegó en la soledad y el aburrimiento de un martes cualquiera, sentada viendo la vida pasar, con el teléfono en mano, harta de ser espectadora digital de las circunstancias de los otros. Tengo las manos llenas de historias que gritan que las cuente y de mundos que solía vivir en mi niñez que me salvaron la vida más de una vez.
Las vidas que he querido vivir merecen que las viva hoy, sin tener que monetizarlas, con todo el permiso de cometer errores y descubrir que en verdad soy terriblemente mala en ello. No importa. Les debo a mis pasiones el maravilloso regalo de atravesarlas, de empaparme de ellas hasta donde me sea plácido hacerlo, de disfrutarlas. Merezco, entonces, ser repostera y ensayar esa receta de torta de vainilla que hacía mi abuela los fines de semana y que perfumaba todo el barrio. Merezco ser acuarelista y darle vida a las flores que reposan dentro de mi imaginación. Merezco ser bailarina y sentir que vuelo por el aire cuando muevo mi cuerpo. Merezco ser profesora de yoga y conectar más con mi cuerpo y mi espíritu. Merezco ser arquitecta de interiores y diseñar espacios donde Dios se quiera quedar a descansar. Merezco ser florista y con mis manos manifestar un jardín de alegría. Merezco ser artista y darle rienda suelta a mi creatividad. Merezco ser todo lo que mi versión del futuro se le ocurra ser. Merezco no buscar la perfección en mis hobbies. Merezco escaparme de la tecnología, que me aleja de mi verdadera misión en esta vida: ser felizmente lo que yo quiera ser, allá afuera, en el mundo.
Estoy segura que tú también quisieras ser muchas cosas. Creo que es momento de atreverse. Considera esto como tu señal y ve a por ello.
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